Ficha técnica

Título: El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad
Tít. original: The demon-haunted world
Autor: Carl Sagan
Editorial: Crítica
Traducción: Dolors Udina
Páginas: 496
Fecha de publicación: 2017
Encuadernación: Rústica con solapas
ISBN: 8416771480
Precio físico: 22’90€

Sinopsis

Penúltimo libro escrito por el científico y divulgador Carl Sagan, esta obra es una poderosa reflexión sobre el papel que la ciencia, y en especial el método que la sustenta, ocupan en todo aquello que concierne a la humanidad. Con gran agilidad y en capítulos temáticos, el doctor Sagan se dedica a desmentir o poner en duda con preguntas inteligentes muchas pseudociencias; a presentar una historia de la ciencia introduciendo sus cambios y su método; a comentar de manera amena y didáctica los grandes logros y retos de la ciencia; a defender la bondad del pensamiento escéptico, y la necesidad de su divulgación por parte de la cultura popular; y a poner en evidencia la relación entre progreso cientificotécnico, bienestar social y democracia funcional. Desde un punto de vista cercano, personal y elegante, nos habla también de su vida y sus experiencias.

Reseña

Una obra divulgativa apasionada y apasionante, que transmite, como sólo sabía hacerlo el titán intelectual que fue Carl Sagan, el respeto por el método científico y las bondades del pensamiento crítico y escéptico.

He aquí un libro que, opino, debería ser de obligada lectura durante la Secundaria. Con pocos ensayos me he encontrado en mis lecturas que destilen, por un lado, un genuino amor por el tema tratado, nacido de la fascinación por sus vías, sus métodos y sus frutos; y por otro, una carga tal de rigor y búsqueda obsesiva de fiabilidad, de verdad, que hasta invita a poner en duda al propio libro y a su autor. Este curioso equilibrio crece en mérito cuando el terreno tocado es el de la ciencia, tema complejo y sutil donde los haya, de enorme importancia además en un mundo en que tiene cada vez más peso. Es una obra que invita a abrir la mente a nuevas ideas, a la vez que nos previene sobre la necesidad de una buena prueba a la hora de depositar nuestra fe en algo, interrogando hasta desterrar toda duda razonable. En definitiva, una lectura benigna para la mente, que estimula el pensamiento a todos los niveles, y que haría un gran bien especialmente a los escolares superiores.

Inteligente y poderoso, este ensayo contiene sin duda la brillantez de pensamiento de su autor, Carl Sagan, un hombre que no sólo destacó de manera significativa en los diferentes campos que tocó (astronomía, astrofísica, cosmología y astrobiología) sino que, aún hoy, a 23 años de su muerte prematura, sigue siendo considerado uno de los mejores y más influyentes divulgadores de la ciencia en toda su historia, con justicia a la altura de otros grandes nombres del medio como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke: los tres, de hecho, se admiraban mutuamente. Entre sus compañeros, se le conocía por ser una de esas escasas y singulares mentes que están, a la vez, abiertas a considerar seriamente hasta las más osadas sugerencias de maravilla, pero también inquieren sin cesar y nunca aceptan nada hasta haber sometido cualquier cosa a un examen concienzudo. Su habilidad para presentar temas complejos al público general con gran sencillez sin dejar de lado la rigurosidad y precisión que necesitan sigue, hasta el momento, sin parangón, y su legado se evidencia en uno de los galardones que lleva su nombre, el Premio Carl Sagan para la Comprensión Pública de Ciencia.

El profesor Sagan dedicó, de hecho, un tremendo esfuerzo al tema divulgativo. Dentro de la literatura científica, fueron muchos y fructíferos sus esfuerzos: caben destacar aquí, además de la obra que hoy nos toca, Los dragones del Edén, un ensayo sobre el origen de la vida y el surgimiento de la inteligencia humana, que llegó a ganar un Pulitzer y se convirtió durante años en el libro de divulgación científica más vendido de la historia; y Miles de millones, su último libro y en cierta manera su testamento vital, escrito en su mayor parte durante la enfermedad que le llevó a la muerte, y en el que habla de los retos científicos, sociales y éticos de su tiempo y del futuro inmediato que llegó a preconizar (con sorprendente acierto, visto ahora en retrospectiva). En el campo de la ficción hay que mencionar su novela Contacto, de naturaleza claramente procientífica y divulgadora también, que fue bellamente llevada al cine (aunque con cambios notables en el argumento) por Robert Zemeckis en 1997, un año después de la muerte de su autor. Si hay que hablar del audiovisual, eso sí, es obligatorio recordar el gran proyecto en el medio del propio Sagan, su serie de televisión Cosmos. Planeada junto a su tercera esposa, la productora televisiva Ann Druyan (quien colaboraría también en muchos escritos de su marido, y de hecho coescribe varios capítulos de El mundo y sus demonios), consta de 13 capítulos en los que, al más puro estilo Sagan, se nos invita a abrirnos a la maravilla de la realidad de un modo racional, desvelando los misterios de la naturaleza y el cosmos por medio de la aplicación del intelecto.

«Una de las razones del éxito de la ciencia es que tiene un mecanismo incorporado que corrige los errores en su propio seno. Quizá algunos consideren esta caracterización demasiado amplia pero, para mí, cada vez que ejercemos la autocrítica, cada vez que comprobamos nuestras ideas a la luz del mundo exterior, estamos haciendo ciencia. Cuando somos autoindulgentes y acríticos, cuando confundimos las esperanzas con los hechos, caemos en la pseudociencia y en la superstición.»

Sin embargo, de entre toda su obra, opino que El mundo y sus demonios ocupa un lugar preeminente, pues es su obra más combativa, una denuncia de hecho. Los demonios del título son, para Sagan, todas aquellas cosas que arrastran a la humanidad a las tinieblas de la ignorancia, y por tanto la mayor amenaza y el peor adversario para la especie. En esta obra se dedica a exponerlos y a confrontarlos con su contrapoder, que sería la ciencia y su método, que iluminan esas tinieblas con su capacidad de obtener conocimiento y acercarse a la verdad, huyendo de chauvinismos, preconcepciones y mistificaciones de todo tipo. Se atacan cosas como el pensamiento mágico y la superstición, los dogmatismos en el saber, el irracionalismo y la tolerancia con la contradicción típica de la postmodernidad. Esta denuncia no se hace, por supuesto, sin más sustento que la propia palabra del autor: repleta de citas a otros científicos, filósofos, escritores, expertos, medios de prensa y demás, la cantidad y concentración de erudición en el libro es algo sin duda reseñable. También cabe decir que el libro rehuye del positivismo científico que se dio a principios del siglo XX: Sagan es muy consciente de que la ciencia, en palabras de Oppenheimer tras dirigir la construcción de la primera bomba atómica, «había conocido el pecado», y pese a ello, argumenta, es la propia ciencia la única capaz de lavar ese pecado, de solucionar los problemas que ella misma genera cuando obra sin ética o se usa perversamente o con miras cortoplacistas.

Cierto, no es una obra de consumo tan fácil y por tanto tan accesible para el gran público como la serie Cosmos, ya que al fin y al cabo es un libro, uno además de tamaño y densidad a tener en cuenta, y exige cierto esfuerzo a su lector. Sin embargo, su contenido es de una naturaleza tal que, una vez se participa de su propuesta, su lectura se convierte en algo tan intelectualmente vigorizante que es difícil dejar de leerlo, e imposible no reflexionar sobre su contenido tras cada sesión de lectura. Esta inmersión, por otro lado, no es demasiado complicada, pues el libro empieza con una introducción y primer capítulo de tono bastante cercano, íntimo, en que Sagan, en base a anécdotas sobre su propia vida, consigue hilvanar una suerte de hilo argumental del que se sirve para presentar los distintos temas que, en cada una de las regiones capitulares del libro, serán de su interés. Estos capítulos no son, eso sí, algo estanco: hay en ellos un poco de cada una de las inquietudes que llevaron a Sagan a escribir la obra, aunque se puede percibir una presencia o ausencia mayor de algunos de ellos conforme se desarrolla el ensayo.

Así pues, vemos en el inicio un marcado interés por contrastar el conocimiento científico con el que surge por métodos distintos a éste. Comentando creencias metafísicas de todas las épocas, desde las religiones tradicionales a los modernos cultos New Age, así como pseudociencias o encuentros con lo inexplicable como, por ejemplo, los testimonios de contacto o abducción extraterrestre, hay aquí también una gran crítica hacia la falibilidad humana, tanto de percepción como de memoria o pensamiento. Se habla también de la importancia de la carga de la prueba a la hora de otorgar verdad a cualquier cosa, a la vez que se ofrecen explicaciones más prosaicas a hechos pretendidamente sobrenaturales. Invitando al lector a considerar sus propias flaquezas humanas, se enfrenta la rigurosidad de la ciencia a la hora de obtener conocimiento con las vías de estos otros sistemas de creencia, caracterizados en su mayor parte por ocultar la carga de prueba, no someter a un examen convincente sus preceptos o blindarlos de tal forma que se vuelven inmunes a la refutación por ser lógicamente indemostrables.

«El escepticismo tiene por función ser peligroso. Es un desafío a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, incluyendo por ejemplo a los estudiantes de educación secundaria, unos hábitos de pensamiento escéptico, probablemente no limitarán su escepticismo a los ovnis, los anuncios de aspirinas y los profetas canalizados de 35.000 años. Quizá empezarán a hacer preguntas importantes sobre las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. Quizá desafiarán las opiniones de los que están en el poder. ¿Dónde estaremos entonces?»

En base a esto, y en capítulos posteriores, se nos habla del método científico en sí, y en cómo se ha convertido en la herramienta más fiable de la humanidad para encontrar conocimiento fiable, predictivo y útil. El lector es introducido a la disciplina científica y sus peculiares canales, a cómo toda teoría es sometida a cuantificación y comprobación experimental antes de ser validada o deshechada, y a cómo aún tras ello se revisa constantemente en busca de fallos o excepciones singulares, todo ello en pos de una búsqueda asintótica de la verdad: estar siempre, con cada idea demostrada o descartada, un paso más cerca del conocimiento objetivo del universo, aunque sin alcanzarlo nunca del todo. Así, se nos relata, por ejemplo, el paso de la mecánica clásica newtoniana, tan demostrada y confiable para los casos normales de nuestra naturaleza circundante, a la poco intuitiva y francamente bizarra mecánica cuántica, gracias a aportes de genios como Maxwell, Plank y Einstein. Junto a esto, se hace una introducción al pensamiento escéptico, o en palabras del autor, «el sutil arte de detectar camelos», que incluye, por ejemplo, una explicación de la mayor parte de las falacias lógicas, que pueden ser usadas para argumentar o contraargumentar cualquier cosa, y cuya detección es muy conveniente a la hora de reconocer juicios falsos o equívocos.

Por último, se pone en relación el acervo de conocimiento científico y el campo de lo social y lo político. En un mundo cada vez más tecnificado, en que el bienestar humano está estrechamente relacionado con los frutos de la ciencia, Sagan argumenta que ésta debería llegar mejor de lo que lo hace al grueso de la población, criticando el insuficiente esfuerzo que en su tiempo (y en el nuestro) hace para ello tanto el sistema educativo (que presenta estos saberes de forma acrítica, sin justificaciones ni porqués) como los medios de comunicación o la industria cultural y de entretenimiento (que son equidistantes entre ciencia y misticismo y recurren muchas veces a la falacia de la opinión para presentar como posibilitarios de verdad credos totalmente falaces). Para él, que los fundamentos científicos sean ignorados por la mayor parte de la gente, dejándolos en manos de un grupúsculo minoritario y altamente especializado, es todo un riesgo para el bienestar futuro del sistema. Establece, también, una interesante analogía entre ciencia y democracia: igual que la primera necesita de un ambiente que fomente el difícil equilibrio entre la competición necesaria para la refutación de teorías, y la colaboración clave para el intercambio de información y el trabajo colectivo, y por tanto es profundamente democrática en su estructura interna; la segunda, para funcionar de forma adecuada, necesita de un electorado capaz de elección inteligente que pueda discernir racional y desapasionadamente verdad de mentira, usando por tanto para ello el pensamiento escéptico propio de la ciencia. En la visión del autor, ambas cosas se retroalimentan a sí mismas y entre ellas, allanando un camino hacia el progreso que destierre, por fin, a los demonios del hombre y le haga entrar plenamente en la luz de la razón.

Carl Sagan, en una de las presentaciones de la serie Cosmos

«Mis padres no eran científicos. No sabían casi nada de ciencia. Pero, al introducirme simultáneamente en el escepticismo y lo asombroso, me enseñaron los dos modos de pensamiento difícilmente compaginables que son la base del método científico. Su situación económica no superaba en mucho el nivel de pobreza. Pero cuando anuncié que quería ser astrónomo recibí un apoyo incondicional, a pesar de que ellos (como yo) sólo tenían una idea rudimentaria de lo que hace un astrónomo.»

En conclusión, El mundo y sus demonios es una de esas obras que deberían leerse al menos una vez en la vida, pues nos fuerza en muchos casos a salir de nuestra zona de confort intelectual, y examinar desde una perspectiva mucho más crítica nuestras creencias. Además de abrirnos la puerta a un mundo lleno de asombro y maravillas como es el conocimiento científico y sus más recientes campos de teoría y experimentación, es una herramienta revulsiva que llama a una mayor conciencia del ser, a conocer las falibilidades del ser humano, nuestros errores como individuos y como especie, así como nuestras más sublimes potencialidades.

Tremendamente convincente, osado y retador, estimulante, brillante como esa llama en la oscuridad de su título, estamos ante un libro patentemente escrito por un genio absoluto, del que sin duda cualquier persona podrá sacar algo útil si lo enfrenta con la mejor cualidad de la que siempre dispondrá: la inteligencia.

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