Ficha técnica

Título: Fierro
Serie: ¿?
Autor: Francisco Narla
Editorial: Edhasa
Páginas: 386
Fecha de publicación: 2019
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788435063500
Precio físico: 19,95 €
Formato: ePub
Precio eBook: 10,99 €

Sinopsis

Lo llamaban Fierro. Y era mentira. La verdad era su pasado y el pasado, una condena que prefería olvidar. No tenía nada, ni siquiera futuro. Su único consuelo eran las colmenas. A ella, perdida en aquel amargo pasado, siempre le gustó la miel. Sus recuerdos de la batalla de Alarcos lo perseguían y atormentaban, porque allí la perdió a ella, a su futuro hijo y estuvo a punto de morir él también.

Más de 15 años después, el pasado cabalga de nuevo hacia él; con la espada al cinto, dispuesto a atormentarlo. Se prepara la batalla más grande jamás contada, la batalla de las Navas contra los almohades para resarcir la derrota sufrida por los cristianos en Alarcos, y él marcará la ruta. Lo hará por una única razón: ella. Como antes, como siempre, él será el atajador de los ejércitos de Castilla. Y su única esperanza estará en manos de un enemigo…

Ésta es la historia de un hombre; uno cansado, blasfemo y solitario. Un hombre acabado, sin esperanza y, pese a todo, un valiente. Un atajador en la frontera, en tiempos de la Reconquista en el siglo XIII.

Reseña

Una novela de traición y venganza en uno de los momentos más importantes de la historia de España.

Hace ya bastante que sigo a Francisco Narla. Ronin, La caja negra y ahora este son los libros que he leído de este autor gallego, y en el tintero queda hacerme con todos los demás. El ámpliamente conocido que tengo cierta predilección por sus historias, así que, cuando pasando por el Carrefour la vi, no pude evitar dejar el que llevaba en mis manos y cambiarlo. No sé si he acertado con el cambio, pero ha merecido la pena.

1212. En algún punto de la vaguada del Jabalón, en la actual provincia de Ciudad Real. Fierro, un antiguo atajador (un explorador que marca el camino de las huestes) sin nombrecojo y viejo, lleno de achaques, huye de su pasado y se refugia en los montes solitarios. Han pasado casi 20 años desde que escapara prácticamente muerto de Alarcos, donde la traición de un cristiano supuso una masacre pocas veces vista. Vive solo, con sus colmenas, su chucho sin nombre y su fierro -un dolón, una vara maciza ahuecada para contener un estilete-, añorando día sí y día también a su amada.

Su tranquilidad cambia el día que su pasado lo encuentra. Pensando que era un ajuste de cuentas, huye. Pero resulta que sus perseguidores estaban comandados por Ruy de Carrión, amigo y compañero de batalla de Fierro, quien le propone restaurar la gloria y el honor perdida en Alarcos: cristianos y moros van a enfrentarse en la batalla definitiva, la que posteriormente se llamaría la batalla de las Navas de Tolosa, actual Jaén, que marcaría un antes y un después en la Península. Y Ruy sabe que no hay nadie mejor en lo suyo que Fierro, así que cuando le llegan rumores de que está vivo no duda en intentar reclutarlo. Fierro no está convencido pero al final las circunstancia hacen que se una a la comitiva. ¿Podrán salvar a las tropas del crucificado gracias a la información que consigan? Pero la traición vuelve a golpear de lleno a Fierro y, esta vez, no se detendrá.

Francisco Narla nos trae una historia algo atípica. No por la venganza ni por el marco temporal en el que se sitúa -la Reconquista-, sino por el tipo de protagonista. Y he de reconocer que me encantan este tipo. La fantasía y la histórica están repletos de protagonistas apolíneos y/o aquíleos, de luchas del Bien contra el Mal, el moro contra el cristiano, el griego contra el romano, etc. Pero pocas veces, haciendo proporción, me he encontrado un protagonista viejo, con achaques, más cerca de la tumba que de no estarlo. Podría citar a Traspie, de La misión del bufón y al pastor sin nombre de Intemperie. Fierro es un personaje curtido, viejo, cojo, con achaques, malhablado y blasfemo, solitario, resentido, asesino si se requiere, que está vivo solo por un recuerdo. Un paria. No es bueno. No quiere justicia. Quiere su justicia, su venganza. Que paguen por su sufrimiento. No le importa si quien gane reza a un profeta o a crucificado: esa guerra ya no va con él.

«El comprendió que sus sueños de gloria en la batalla no eran más que chiquilladas, aprendió que no había mayor victoria que aquel beso tierno que se dieron, tentativos, bajo el álamo vejancón que señalaba la curva del río. De la noche a la mañana, sus sueños de convertir sen caballero, sus ansias de gozar de fama, su secreto anhelo de ser recordado en las gestas de los trovadores, se esfumaron. Todos ellos y muchos más. Porque no había mejor batalla que lograr una de aquellas sonrisas que iluminaban sus ojos verdes y porque toda la gloria de la guerra no era nada comparada con la promesa de levantarse cada día a su lado.»

Me ha parecido un personaje asombrosamente complejo. A medida que la historia avanza, se observa el amor incondicional que siente por su esposa arrebatada, y ese mismo amor que le hizo sobrevivir es el mismo que le hacer ser quien es, que solo le mueva la venganza a pesar de saber que no es lo que ella querría.  Un personaje que consulta a su perro el camino a seguir y, como si este le respondiese, toma una decisión en base a lo que cree y piensa. Vemos de primera mano a una persona que, desde fuera, cualquiera podría pensar que es un loco, pero que no lo está; simplemente tuvo que agarrarse a un recuerdo para sobrevivir y no es capaz de soltarlo. Psicológicamente, me parece un persona fascinante.

El resto de personajes, si bien son interesantes, no están lo suficientemente esbozados como para permitir una evolución notable. El que es agrio, lo es; el que es traidor, lo es. Fierro es el protagonista absoluto, y el discurrir de la trama es el camino a su objetivo. Apenas se narran historias paralelas que, habitualmente, convergerían en el momento álgido de la trama, dejando casi todo el peso de la narración a Fierro, tanto en sus acciones como pensamientos, en su actualidad como en su pasado. Eso sí, me he quedado con muchas ganas de saber más de la mujer de Fierro, ya que tampoco tenemos nombre, pero considero que el desarrollo que Narla le ha dado ha sido acertadísimo, ya que da la impresión de ser solamente el producto imaginario de Fierro, de algo etéreo, intangible.

En cuanto a su estructura, el libro se divide en tres partes, y cada una en numerosos capítulos. Estos capítulos, muy cortos generalmente, no presentan nombre ni fecha ni numeración siquiera, y cuentan con un narrador en tercera persona casi omnisciente. Me ha llamado mucho la atención, y me ha gustado el efecto que le regala a la narración, de que un capítulo nuevo empieza por el final de la acción y es en el trascurso de dicho capítulo en el que se conoce qué ha ocurrido, ya sea a modo de flashback, de evolución de la acción o de los propios diálogos. Otras veces, en cambio, no está claro cuáles son los eventos acontecidos y se dejan un poco a la imaginación del lector.

Sobre la documentación histórica que el autor ha realizado, la profundidad que tiene solo se puede entender tras leer las notas finales. Es un escritor que le gusta empaparse de lo que hace para poder plasmarlo en el papel y es algo que se puede observar en sus páginas. Todo dato, toda descripción, están realizados con una exquisita precisión, siendo lo justo para no entorpecer la trama pero dejando mucho descubierto. Además, se comentan algunas curiosidades dentro de la propia trama que ya por sí solas son interesantes, como, por ejemplo, las cadenas que adornan el escudo del Reino de Navarra.

Y esta misma documentación es palpable en la narración. Es un libro con un vocabulario sumamente rico, con términos y construcciones gramaticales de la época, ya en el olvido de gran parte de la población actual, que le dan un cariz añejo que le sienta de maravilla, pero que, a la vez, dificulta la lectura principalmente al inicio. A no ser que se sea versado en el arte de conversar como en el pasado, un diccionario es una ayuda muy buena y necesaria. Ejemplo de ello, tenemos mesnadas, atajador, renco, abolengo…

Por lo demás, una narración ágil y adictiva, intercalando momentos frenéticos con otros más sosegados, cargada de un atmósfera de tensión y peligro, dura y cruel pero también con escenas sumamente preciosas y emotivas. Una de cal y otra de arena, de forma constante. Como la vida misma. Y si bien al principio todo avanza de forma más pausada, a medida que se clarifica y magnifica el ansia de vendetta también lo hace la acción. No es que las necesite, ya que la historia está perfecta como está, pero no deja de ser curioso que no haya una cantidad significativa de batallas, y las que hay no están descritas de forma excesivamente detallada, sino que está todo más centrado en las consecuencias de dicha refriega. También es cierto que las características del protagonista hace que huya del conflicto si no puede ganar o no le queda más remedio. De cualquier otra manera, esa vulnerabilidad y fragilidad que equilibra su carácter y formación militar, haciéndolo humano en el plano físico,  se perdería y estaríamos ante otro caso, uno más, de héroe inmortal que todo lo puede y nada le para.

Y ya por último, la edición. Decir que es magnífica es, posiblemente, quedarme muy corto. Tapa dura roja con una franja bastante ancha negra en el borde izquierdo, con un dibujo que simula tela, con el logotipo de Edhasa grabado y el título pero en plateado, y en el interior la imagen de la cubierta en tonos grises. Además, separador de tela roja, algo que siempre adoro. Y, acorde con la edición, ausencia de faltas de ortografía y páginas muy limpias. Simplemente una delicia.

Batalla de las Navas de Tolosa (Francisco de Paula Van Halen, 1864, óleo sobre lienzo). Localizado en el Senado de España

«El miedo a morir hacía iguales a los hombres.

Y allí, en aquel rincón de la serranía, moros y cristianos, todos, ya sentían ese miedo en el cogote.

Todos menos él. A él ya no le preocupaba la guerra y le daba igual quien se alzase con la victoria.

Ella no volvería. Fuera cual fuera la enseña que siguiera en pie al final, ella no volvería.»

Este libro podría ser una historia autoconclusiva, pero podría no serlo también. El poder de una u otra lo tienen los lectores. A palabras del autor «En cuanto a la continuación lo decidirá el público. Si los lectores lo quieren… Entonces así será.». Con eso está todo dicho.

Y ya aparte de lo que es la reseña objetiva, voy a comentar una idea que ha ido cogiendo forma a medida que iba quemando páginas. Desde mi punto de vista, considero que no es una novela histórica pura. O al menos no una al uso. Esta idea la he llegado a dialogar con el autor y el mismo me reconocía que «no hay respuesta». Es una historia de venganza, de traición, de resentimiento e, incluso, de amor. Y aunque el hilo conductor son los acontecimientos que desembocan en la batalla de las Navas de Tolosa, a Fierro la batalla y la guerra santa no le afectan en lo más mínimo. Él tiene una meta, un objetivo. Y la batalla es totalmente irrelevante para dicho objetivo, ya que trascurre a la par que la acción de Fierro, es decir, que podría haber sido la batalla de Simancas, la de Covadonga o la batalla de la Albuera (Badajoz) y el resultado sería prácticamente similar. A medida que la historia avanza, la parte histórica es eclipsada por la propia trama vengativa. Además, la ausencia de explicaciones profundas sobre costumbres, formas de vida y demás hacen que esta idea adquiera más fuerza en mi cabeza. Fierro no deja de ser un ex soldado, el mejor en lo suyo, y quizás por eso mismo es más fácil situarlo en otras épocas que, por ejemplo, a un monje, pero no logro ver que sea la trama histórica la que hace que todo gire a su alrededor -como puede ser la construcción de la catedral de Kingbridge en Los pilares de la Tierra-,sino que es la trama quien gira en torno a un personaje que es producto de la guerra -que es intemporal- y de las consecuencias de esta. Por lo tanto, lo considero más una narración de aventuras con una muy buena y exhaustiva base histórica (o una narración histórica con aventuras) que una novela histórica absoluta como puede ser, por ejemplo, la ya mencionada Los pilares de la Tierra. Esto, ya digo, es opinión absolutamente subjetiva, y estoy abierto a un debate. Es un tema que da para muchas horas.

Como conclusión, una grandísima historia, tan ágil y adictiva, con un personaje carismático, alejado de lo habitual, que conoce los horrores de la guerra y  sus secuelas; con una misión y hasta que no cumpla su venganza -o muera en el intento- no descansará con su amada. Otra magnífica obra de Francisco Narla, algo que ya no sorprende en absoluto.

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2 respuestas

  1. Huy, no sé, no sé, en principio no me termina de llamar la atención, ahora estoy leyendo Sidi y lo cierto es que todo eso de las batallas y la guerra me está resultando algo aburrido. Quizás más adelante.

    1. ¡Hola!
      Este la verdad es que las batallas no son lo importante. Apenas se le dedica tiempo y, si lo hace, es porque mientras está ocurriendo otra cosa.
      Ten en cuenta que el protagonsita es un explorador, por lo que la mayoría de los enfrentamientos se evitan 😛

      ¡Gracias por comentar!

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