Ficha técnica

Título: El caminante de arena. Libro primero: el sueño de Piro
Serie: El caminante de arena 1
Tomos: 3
Autor: J.G. González
Dibujante: Ricardo Muñoz Martínez
Editorial: Amazon
Páginas: 690
Fecha de publicación: 2020
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9781451880807
Precio físico: 17,99€
Formato: mobi
Precio eBook: 2,99 €

Sinopsis

En la raza más temible de toda Neria, los éniars, la naturaleza de Piro le hace desobedecer las tradiciones milenarias de su clan, sufriendo las consecuencias de un pueblo con unas férreas creencias.

Acompañado de Dáiel, el dragón al cual se negó a matar, emprende una gran aventura llena de sorpresas y experiencias que jamás pudo imaginar. Este viaje, a la vez, también será un camino hacia la reconciliación y la sabiduría, pues en la vida, la mayor parte de los planes de ruta que trazamos suelen desviarse, llevándonos a orillas nunca imaginadas.

Extraordinarias criaturas, amigos, batallas, traiciones y seres de un poder inigualable, le desvelarán que unas intenciones mucho más grandes que su insignificante vida, amenazan la existencia del mundo conocido.

Poesía, magia, fantasía, poder y verdad se conjugan en El caminante de arena a través de un ejercicio profundamente imaginativo.

Reseña

Una novela de fantasía colorista, llena de exotismo y fuegos de artificio, en que la imaginación desbocada se da la mano con reflexiones de índole moral, estético y vital, hábilmente hiladas en su trama.

Éste es el segundo trabajo que encaro de la pluma de J. G. González, tras la notable Cuentos hacia el inconsciente. Su estilo queda patente en esta nueva obra, que de la anterior coge ciertas constantes: evidenciando, quizá, su formación en psicología, hay una atención remarcable al peso de vivencias y sentimientos tanto en los personajes como en la trama, así como a la confección de moralejas existenciales que, habitualmente insertados en los discursos de sus creaciones, invitan a la reflexión de temas de diversa índole e interés. En ambas novelas, también, se hace gala de una activa imaginación, que trata de ir más allá del omnipresente en el género marco de referencia tolkieniano, aunque, de momento, sin salir de lo estrictamente antropomórfico (González no parece precisamente discípulo de Lovecraft) o dracónico. A veces, incluso, ese derroche de imaginación es incluso excesivo, pues son tantas y tan variadas las razas que pueblan la creación de El caminante de arena, así como sus muchos y pintorescos dones, que aquellos acostumbrados a una fantasía más comedida puedan sentirse, al principio, algo intimidados: afortunadamente, los artificios y los juegos de luces del autor, aunque ingentes en número, son lo suficientemente agradables como para que cualquier lector se acostumbre tarde o temprano a ellos, y les acabe cogiendo el gusto al participar del juego de la imaginación que propone la novela.

Sin embargo, aunque los paralelismos con Cuentos hacia el inconsciente son muchos y evidentes, lo que da la idea de un autor fiel a sus formas pero que quizá debiera también experimentar con nuevas voces y medios de expresión, la presente novela cuenta con dos aspectos que la llevan un paso más allá de su predecesora, lo que ya es una bienvenida evolución. El primero sería la inclusión de un fantástico inmersivo: mientras que en su anterior obra abocetaba, en cada cuento, universos pintorescos y vibrantes pero ciertamente faltos de trasfondo, aquí González construye un escenario vasto y complejo, comenzando por una teogonía y creación del mundo que, sin ser absolutamente original (su raíz tolkieniana es más que evidente), posee un interés más que suficiente, para continuar a partir de ahí con una narración que cubre un buen número de civilizaciones con sus peculiares usos y costumbres, así como muchísimos datos sobre el pasado del mundo o las muy variadas razas que lo pueblan.

El otro punto fuerte sería su denodada apuesta por la acción sin cortapisas. Sin dejar de lado ese tempo lento y reflexivo que ya le caracteriza como literato (lo cual no es para nada un punto negativo, de hecho soy de la opinión de que muchas propuestas modernas del fantástico adolecen de esto mismo), en esta novela González se lanza también a un estilo más vibrante y dinámico, ciertamente muy entretenido, que además tiene un crescendo muy acusado a lo largo de la obra: desde las tonificantes pruebas atléticas de los éniars en su inicio, hasta las apoteósicas escenas bélicas con multitud de personajes y frentes de su final, la narración cubre con multitud de escenas todo el espectro de lo emocionante, de lo adrenalínico incluso. A medida que se suceden las situaciones, cada vez habrá menos tiempos muertos en la obra.

Mapa de Neria

«Aquellas gotas viajaron en el aire en dirección al suelo y, al observarlas, producían la sensación de una increíble pesadez, como si hubieran sido fabricadas con plomo. Su tremendo peso se debía a la carga que portaban, pues dentro de ellas habitaba un dolor indescriptible que doblaría la espalda del ser más fuerte y un pesar oscuro que se retorcía con las imágenes narradas por el despiadado elna.»

Entrando a analizar su trama, la estructura de la obra dista de ser original y cae de lleno en varios tópicos del género: viaje iniciático mas allá del confort del hogar; travesía mayormente pedestre, como mucho fluvial, del mundo; figura protagónica rodeada de cierto halo mesiánico a la que los poderes del mundo reconocen y regalan con atenciones: reunión de compañeros a lo largo del camino; y más. Por supuesto, no podía faltar la dicotomía maniqueísta típica del género, que separa bien y mal de forma tajante incluso en las razas y pueblos que moran en el mundo de la obra, con un único tono de gris moral dado por la raza de los hombres (y, quizá, por el conflicto enanos/arcoíris). Esto no quita a que la novela tenga también sus aciertos y aportaciones: el inicio de las peripecias de Piro, como fruto de su replanteamiento crítico y público a las arraigadas costumbres de su clan, introducen un subtema de revisionismo cultural que se va vertebrando de forma bastante original en la obra. También, como se ha introducido antes, la enorme atención hacia los sentimientos y estados de ánimo de los protagonistas, así como la reflexiva meditación acerca de muchos temas, dan a la obra un valor que va más allá de lo puramente artístico.

Con esto último, diríase que los personajes son el punto fuerte de la novela. Y lo son, pero de una manera diferente a lo esperable. Y es que, ciertamente, siendo la fijación por el sentimiento y la psique una constante en la obra, la mayoría de los personajes principales e incluso muchos secundarios acaban por ser lo suficientemente redondos y complejos como para despertar cierta empatía o sentimiento de alguna índole en el lector. Tal vez algunas situaciones, como por ejemplo la introducción de la arcoíris Onaia en el grupo protagónico, parezcan forzadas al principio, pero conforme la obra se va desarrollando se liman poco a poco esas asperezas y todo alcanza a ser más orgánico, muchas veces gracias a mecanismos bastante bien manejados de desestrés cómico.

Hay, sin embargo, una excepción a esto, y es una excepción capital: el protagonista, Piro. A pesar de que es la figura central indiscutible de los primeros compases del libro, y es el dolor de su destierro el que pone en marcha el mecanismo de la trama, acaba por ser un personaje poco esbozado, del que sabemos en realidad bastante poco y del que sentimos más a través de quienes tienen contacto con él, como el sabio dragón Dáiel o los entrañables enanos Ramblin y Níor, que por él mismo. Al final, incluso personajes secundarios como el imponente Bérid, rey de los hombres, dejan marcas más hondas en la memoria y el aprecio del lector. Esto, por cierto, acaba por ser un pequeño demérito en el que es, quizá, el punto más original de la obra, su final: aunque no puedo comentarlo porque es un spoiler mayúsculo, sí diré que es sorpresivo y resulta una agradable variación de los clichés del género que hasta entonces se venían siguiendo, pero cuyo potencial catártico se ve seriamente disminuido por la poca identidad de Piro en la que es (o no…) una obra sobre él.

Ilustración de la novela

«Precisamente, aquello que el ingenuo piensa que no puede ser, es lo que utiliza el astuto para sorprender. Gana la confianza de un ser; despacio, lentamente, aparentando ser fiel. Pasado el tiempo ejecuta tu plan, traiciónale. Doblegarás su vida, estará a tu merced. Tú recogerás sonrisas; él no actuará, mientras se ahoga en su piel. Pues, la traición tiene el poder de bloquear la reacción, hasta hacerte perecer.»

Como otra pecata minuta, hay quizá una cierta tendencia a la hora de presentar informaciones de forma reiterada. Ciertas asociaciones de ideas, ciertos conceptos, así como varios de los dones de las diferentes razas que se presentan, se ven tantas veces reflejados a lo largo de la trama que el lector acaba sintiendo que no hay confianza por parte del artífice hacia su memoria o su capacidad de inferencia. Esto es explicable, perdonable incluso, teniendo en cuenta la gran cantidad de elementos fantásticos que se manejan, todos con su propia nomenclatura fantástica: se agradece, de hecho, la inclusión al final del libro de un glosario de términos que ayuden al lector confuso a recordar la acepción de alguno de los nombres exóticos que pueblan la novela, así como un breve bestiario ilustrado y hasta un esquema de la teogonía del universo. Sin embargo, hay que darle aquí un levísimo tirón de orejas a González, recordándole que a veces menos es más, e invitándole a confiar más en sus lectores y en la facultad de inmersión de su constructo.

Respecto al uso del lenguaje, el libro se caracteriza por la utilización de grandes construcciones gramaticales, especialmente en sus dos tercios iniciales. Oraciones largas y complejas, llenas de adjetivación y sinónimos que van desde lo interesante hasta lo rebuscado, se encadenan unas con otras hasta conformar abultados bloques de texto. Pese a que he de reconocer mi predilección por los usos floridos, recargados incluso, del lenguaje, siendo por tanto la propuesta de mi gusto, debo en conciencia advertir que esto puede poner en contra a lectores con poca capacidad de atención o baja variedad léxica, pues la propia estructura de la novela es exigente en estos campos incluso en la confección de sus diálogos, que a veces pueden ocupar ininterrumpidamente más de una página entera en la forma de dilatados discursos y monólogos. Algo atípico en las novelas que entran dentro del interés del público juvenil y joven-adulto, pero manifiestamente del gusto del autor, y por mi parte bienvenido.

«- En el tiempo de la uva – continuó con imponente fuerza el Rey Oso -, bajaremos la ladera. Hasta el arroyo grande, hasta el verde maizal. La lluvia nos acompaña con ternura, por el camino de piedra, hasta la leña que arde, hasta alcanzar el hogar – levantó su hacha con fuerza -. Si éste ha de ser el camino, caminémoslo juntos, solo caminemos, sin más.»

Como un todo, podríamos decir que este El sueño de Piro es una obra que, pese a pequeños déficits puntuales, supone el esfuerzo más que remarcable de su autor por encontrar su nicho en el saturado y tan vilipendiado terreno de la fantasía pura, en base a una imaginería sincera y lo suficientemente original. Esfuerzo, pues, más que necesario dado el panorama literario actual, y que probablemente satisfará a un público que, quizá sin ánimos de dar con una obra maestra que revolucione el género y reescriba sus bases, quiera, eso sí, disfrutar de una propuesta llena de elementos interesantes, entretenida y bastante entrañable.

Obviamente, al tratarse del primer volúmen de una saga, además de un monumental cliffhanger final, la novela está repleta de multitud de cabos sueltos, de información faltante y de preguntas con respuestas poco satisfactorias o, ya de plano, sin contestación alguna. De hecho, esta primera parte muchas veces se siente como una opus finalizada in media res, algo que forma evidentemente parte de un todo más grande, pero que no tiene la suficiente identidad y consistencia como para ser considerado como algo en sí mismo, muy pese al derroche bélico de su último gran conflicto y al desenlace anticlimático pero, como ya se dijo, muy original, que le da cierre. Para algunos esto supondrá una tara y para otros un aliciente, dependiendo de cómo encaren el poco ortodoxo acercamiento del autor al concepto de novela-río. Personalmente, quisiera continuar con la aventura que propone El caminante de arena cuando esto sea posible y obtener, por fin, respuesta al menos a alguno de sus grandes enigmas: quede a juicio del lector si tomar esto como una recomendación suficiente.

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2 respuestas

  1. Muy buena reseña, la verdad. No conocía el libro pero, pese a que soy amante del género, no me termina de llamar. No veo que aporte nada nuevo y entre el lenguaje y el protagonistas, no sé si me gustaría. Investigaré más sobre él.

    1. Gracias por apreciar mi trabajo como crítico. En cuanto al libro en sí, como siempre la última palabra es del lector, pero siempre digo que comenzar un libro nunca es arriesgado, pues hay poco que perder y mucho que ganar: si te gusta el género, tal vez te sorprenda encontrar algo que te acabe gustando. Igualmente, la decisión es tuya; por mi parte, agradezco tu tiempo e interés al comentar la reseña.

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